
Muchas personas esperan sentirse aliviadas una vez que ha pasado un ataque de pánico. Sin embargo, se sorprenden al descubrir que se sienten emocionalmente agotadas, tristes, extenuadas o desconectadas durante horas o incluso días después.
A veces denominados «resaca del ataque de pánico», estos efectos emocionales y físicos persistentes son más comunes de lo que mucha gente cree. Aunque la depresión posterior a un ataque de pánico no es un diagnóstico oficial de salud mental, puede ser una experiencia muy real. Entender por qué ocurre puede ayudarte a dar sentido a tus síntomas y a saber cuándo puede ser útil contar con apoyo adicional.
Puntos clave
- La depresión posterior a un ataque de pánico, a veces denominada «resaca del ataque de pánico», es una experiencia habitual que puede hacerte sentir agotado tanto emocional como físicamente tras un ataque de pánico.
- Síntomas como la tristeza, el cansancio, la confusión mental y la falta de motivación suelen ser temporales, a medida que el sistema nervioso se recupera de la respuesta del cuerpo al estrés.
- Muchas personas dedican mucho tiempo a repasar el ataque, tratando de entender por qué ocurrió y qué significa.
- Es posible que sientas una mayor tristeza y conmoción al darte cuenta de que esto te está pasando a ti, que tengas miedo de lo que esto pueda suponer para tu futuro y que experimentes una repentina sensación de impotencia al pensar que no has podido evitarlo y que quizá tampoco puedas evitar futuros ataques.
- Es posible que te sientas confundido respecto a por qué has tenido ese ataque de pánico y que sientas un fuerte deseo de entenderlo.
- Es posible que te preocupe que el ataque de pánico haya sido algo fortuito y que no seas capaz de predecir futuros ataques.
- Si los ataques de pánico o los sentimientos de depresión se vuelven frecuentes o empiezan a interferir en tu vida cotidiana, la terapia puede ayudarte a comprender tus síntomas y a desarrollar estrategias eficaces para afrontarlos.
¿Qué es la depresión posterior a un ataque de pánico?
La depresión posterior a un ataque de pánico se refiere a los sentimientos de tristeza, bajo estado de ánimo, agotamiento emocional o entumecimiento que se producen tras un ataque de pánico. En algunas personas, estos sentimientos duran solo unas horas. En otras, pueden prolongarse durante uno o dos días antes de mejorar gradualmente.
Es importante saber que el hecho de experimentar estos síntomas no significa necesariamente que padezcas depresión. Más bien, pueden ser una respuesta temporal al intenso estrés físico y emocional que un ataque de pánico provoca en el cuerpo.
Dicho esto, la depresión crónica y el trastorno de pánico pueden, en ocasiones, presentarse de forma conjunta. Si los sentimientos de tristeza persisten más allá del momento inmediatamente posterior a un ataque de pánico, quizá merezca la pena analizar si hay algo más que un bajón emocional pasajero que esté influyendo en cómo te sientes.
¿Qué es la «resaca» de un ataque de pánico?
«Resaca tras un ataque de pánico» es un término coloquial que mucha gente utiliza para describir cómo se siente una vez que ha terminado un ataque de pánico.
Al igual que tu cuerpo necesita tiempo para recuperarse tras un esfuerzo físico intenso, tu sistema nervioso suele necesitar tiempo para recuperarse tras sufrir una descarga de adrenalina y otras hormonas del estrés. Aunque el pánico inmediato haya pasado, es posible que tu mente y tu cuerpo sigan sintiéndose agotados.
La experiencia de cada persona es diferente. Algunas personas se sienten sobre todo cansadas, mientras que otras notan cambios emocionales que les pillan por sorpresa.
¿Cuáles son los síntomas de la depresión tras un ataque de pánico?
La experiencia puede variar de una persona a otra, pero entre los síntomas más comunes se encuentran:
- Sentirse triste o con ganas de llorar
- Insensibilidad emocional
- Fatiga o falta de energía
- Dificultad de concentración
- Sentirse desconectado de uno mismo o de los demás
- Irritabilidad
- Dolor o tensión muscular
- Dolores de cabeza
- Problemas para dormir
- Sentirse emocionalmente «descentrado»
- Pérdida de motivación
Algunas personas también se sienten avergonzadas o desanimadas tras un ataque de pánico, sobre todo si ha ocurrido en público o si parece que se ha producido sin previo aviso.
¿Por qué algunas personas se sienten deprimidas tras un ataque de pánico?
No hay una única razón por la que las personas sufran una «resaca» tras un ataque de pánico. Por el contrario, pueden influir varios factores.
Agotamiento emocional y físico
Un ataque de pánico puede dar la sensación de que tu cuerpo está funcionando a pleno rendimiento. El corazón se te acelera, la respiración cambia, los músculos se tensan y tu cerebro se concentra intensamente en el peligro percibido.
Aunque los ataques de pánico suelen durar solo unos minutos, consumen una enorme cantidad de energía física y emocional. Una vez que pasa el episodio, es comprensible sentirse completamente agotado.
Tu sistema nervioso se está recuperando
Durante un ataque de pánico, se activa la respuesta de «lucha o huida» del cuerpo. Las hormonas del estrés preparan al organismo para responder ante el peligro, aumentando la frecuencia cardíaca y la estado de alerta. Una vez finalizado el ataque de pánico, estos sistemas vuelven gradualmente a su estado normal.
En otras palabras, un ataque de pánico puede hacerte sentir como si acabaras de pasar varios minutos luchando por tu seguridad, aunque en realidad nunca hayas estado en peligro físico. Cuando esa sensación de alarma por fin empieza a remitir, puede producirse una especie de bajón emocional. Es posible que te sientas agotado, apático, vulnerable o, sencillamente, cansado de tener que lidiar con tu propio miedo.
Miedo a sufrir otro ataque de pánico
Para muchas personas, el ataque de pánico en sí mismo es solo una parte de la experiencia. Puede que el pánico haya pasado, pero el miedo no desaparece necesariamente con él.
Es posible que pases horas dándole vueltas a lo que ha ocurrido, preguntándote por qué ha sucedido o preocupándote por si pudiera producirse otro ataque en cualquier momento. Quizás empieces a estar atento a tu cuerpo en busca de señales de que algo va mal. Las palpitaciones, un cambio en la respiración o un momento de mareo pueden parecerte de repente algo amenazante, porque te preguntas si está empezando otro ataque.
Esa vigilancia constante puede resultar agotadora. En lugar de sentirte libre para retomar tu día a día una vez que el pánico ha pasado, es posible que una parte de ti siga en alerta, esperando a que vuelva a ocurrir. Puede que incluso llegues a cuestionar tu cordura o te preocupe pensar que estás «roto». Con el tiempo, ese agotamiento emocional puede contribuir a una baja autoestima o incluso a la disociación, que algunas personas describen como la «resaca» de un ataque de pánico.
Intentando entender lo que pasó
Para muchas personas, el ataque de pánico en sí mismo es solo una parte de lo que les resulta angustioso. La experiencia puede dejarte con la sensación de no entender por qué has tenido ese ataque de pánico y con un fuerte deseo de darle sentido. Es posible que te encuentres repitiendo mentalmente lo que ha ocurrido, buscando una explicación o preguntándote qué se te ha escapado.
Puede que sientas una tristeza y una conmoción adicionales al darte cuenta de que esto te está pasando a ti, además de temores sobre lo que esto puede suponer para tu futuro. Algunas personas se preguntan si los ataques de pánico pasarán a formar parte de sus vidas o si siempre tendrán que preocuparse por el siguiente.
Si el ataque pareció surgir de la nada, es posible que te asalte el temor de que haya sido aleatorio y de que no puedas predecir futuros ataques. Esa incertidumbre puede resultar profundamente inquietante. Cuando no hay una explicación clara, muchas personas se ven abocadas a seguir buscándola mucho tiempo después de que el ataque de pánico haya terminado.
Sentirse desanimado
Después de un ataque de pánico, es habitual cuestionarse a uno mismo. Es posible que te preguntes por qué tu cuerpo reaccionó con tanta intensidad, por qué no pudiste evitarlo o si deberías haberlo afrontado de otra manera. La sensación de impotencia puede minar profundamente tu autoestima. Si te has esforzado mucho por controlar tu ansiedad, sufrir otro ataque de pánico puede resultar desalentador, casi como si fuera una prueba de que estás «enfermo».
Hay personas que también empiezan a modificar su vida ante la posibilidad de sufrir otro ataque. Es posible que evites conducir, los lugares concurridos, las situaciones sociales, hacer ejercicio o estar solo. Quizás evites contarle a nadie que has tenido un ataque de pánico. Con el tiempo, esos cambios pueden hacer que te sientas aislado, limitado y desanimado, lo que puede contribuir al estado de ánimo deprimido que se produce a continuación.
¿Cuánto tiempo dura la resaca de un ataque de pánico?
No hay un plazo concreto.
Hay personas que empiezan a sentirse de nuevo como antes al cabo de una o dos horas. Otras notan que los síntomas emocionales o físicos persisten durante un día o incluso varios días.
La recuperación suele depender de factores como:
- La intensidad del ataque de pánico
- Tu nivel actual de estrés
- ¿Cómo duermes?
- Tanto si has sufrido ataques de pánico repetidos como si no
- Tu salud física y emocional en general
- Si has tenido la oportunidad de asimilar lo ocurrido y recuperar la sensación de seguridad.
- El grado de apoyo que recibas en tu vida puede marcar una gran diferencia. Los amigos y familiares que no te apoyan o que te hacen sentir que no vales nada pueden empeorar los síntomas.
Si los síntomas persisten durante un periodo prolongado o se agravan cada vez más, puede resultar útil consultar a un profesional de la salud mental.
¿Qué puede ayudar tras un ataque de pánico?
Una de las cosas más útiles que puedes hacer tras un ataque de pánico es resistir la tentación de intentar averiguar inmediatamente por qué ha ocurrido o convencerte de que nunca volverá a suceder.
Esas preguntas son comprensibles e importantes, pero a menudo resulta más fácil abordarlas con alguien que te apoye o con un terapeuta que en los momentos inmediatamente posteriores a un ataque de pánico. Es comprensible la urgencia por resolverlo ahora mismo, pero comprobar repetidamente si hay peligro puede mantener tu sistema nervioso en estado de alerta.
En su lugar, tómate un tiempo para volver al presente. Puedes descansar, comer algo, darte una ducha, dar un paseo tranquilo o hacer algo que te resulte familiar y que te ayude a sentirte más centrado. Las actividades de mindfulness pueden resultar especialmente útiles. El objetivo no es obligarte a sentirte normal de inmediato, sino dar a tu mente y a tu cuerpo un respiro y un descanso de ese estado emocional tan intenso.
¿Cuándo podría la depresión tras un ataque de pánico ser algo más?
La tristeza temporal que sigue a un ataque de pánico es diferente de la depresión crónica. A veces, el bajón anímico simplemente refleja lo agotado que te sientes emocionalmente después de pasar tanto tiempo lidiando con el miedo. Pero si ese bajón anímico se prolonga durante varias semanas, empieza a afectar a tu vida cotidiana o te sientes desesperanzado o pierdes interés por las cosas que normalmente te gustan, quizá valga la pena averiguar si hay algo más detrás.
El trastorno de pánico y la depresión a veces se presentan juntos, y reconocer cuándo los síntomas van más allá de las secuelas temporales de un ataque de pánico puede ayudarte a recibir el apoyo que mejor se adapte a tus necesidades.
¿Cuándo conviene acudir a un profesional?
Pueden producirse ataques de pánico esporádicos durante períodos de estrés intenso, pero los ataques de pánico recurrentes merecen atención. No tienes que esperar a que los ataques de pánico se produzcan a diario para buscar ayuda. Si te das cuenta de que no dejas de darle vueltas a lo que esto significa para tu futuro, dedicas mucho tiempo a intentar comprender por qué ha ocurrido, te preocupa que pueda producirse otro ataque en cualquier momento o sientes que tu mundo se está reduciendo, vale la pena prestar atención a esos cambios.
Puede resultar útil buscar ayuda profesional si:
- Pasas muchas horas o días dándole vueltas mentalmente al suceso, intentando entender por qué ocurrió o qué significa.
- Los ataques de pánico son cada vez más frecuentes.
- Evitas ciertos lugares o situaciones porque temes sufrir otro ataque.
- La recuperación tras los ataques de pánico se está volviendo cada vez más difícil.
- Los sentimientos de tristeza o depresión persisten.
- La ansiedad está afectando al trabajo, a los estudios, a las relaciones o a la vida cotidiana.
Existen varios en el tratamiento del trastorno de pánico, y encontrar el más adecuado suele depender de tus síntomas, tus objetivos y tus preferencias personales.
No tienes por qué afrontar el pánico tú solo
Un ataque de pánico puede durar solo unos minutos, pero el miedo y el agotamiento que deja tras de sí pueden acompañarte durante mucho más tiempo. Si te das cuenta de que cada vez dedicas más tiempo a recuperarte del pánico, a preocuparte por cuándo se producirá el próximo ataque o a cambiar tu vida para evitar otro, quizá sea el momento de analizar qué es lo que mantiene ese ciclo.
La terapia puede ofrecerte un espacio para comprender no solo el ataque de pánico en sí, sino también el miedo, la evitación y la inseguridad que pueden surgir a su alrededor. No tienes por qué esperar a que el pánico controle tu vida para buscar ayuda.
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